1.- Los ancianos no son adultos
mayores, ni bebés, y cuando se les trata como lo que no son se
perjudica su salud y su calidad de vida.
2.- La edad no es una enfermedad. Tampoco la dependencia es una consecuencia inevitable del proceso de envejecimiento.
3.- Los ancianos no son los culpables
del aumento del gasto sanitario. Una vejez autónoma y libre de
discapacidad no es más costosa, sí lo es un envejecimiento con
dependencia.
4.- La discapacidad difícilmente se
puede revertir. Sí se podría prevenir su aparición actuando de forma
preventiva.
El cumplir años no debería ser un motivo para que se
excluya a los mayores de los beneficios de la prevención.
5.- La diferencia entre un anciano en una silla de ruedas
adormilado o un mayor jugando con sus nietos puede estar tan sólo en una ayuda especializada.
6.- Si antes de nacer estamos en manos
del ginecólogo y después del pediatra ¿por qué al llegar a la senectud
se limita el acceso al especialista de los mayores, los geriatras?.
7.- En algunas comunidades no existen
geriatras, en otras hay escasez, perpetuándose así la discriminación.
¿Por qué vivir en Andalucía o en Castilla-La Mancha tiene que ser
diferente?